EL LLANTO DE UN PUEBLO

Con tristeza mi alma proclama, aquellos días, en que mi pueblo se unia en una sola voz, para gritar de alegria, en momentos de armonia, en que el hombre solía jugar con su hermano y besar a a su hijo.

Mi pueblo ya no existe, un hombre lo destruyó, el mismo hombre que solia jugar con su hijo , hoy se une a voces para proclamar venganza y derramar su sangre, buscando en caminos oscuros, conflictos que no tienen razón de ser.

Mi pueblo hoy llora, desgarrando su alma, clama a lo alto con angustia buscándo consuelo a su dolor. El dorado sueño de una madre agoniza en la miseria de una tierra, que cubre con sus manos a inocentes que mueren en batallas de guerras sin ideales.

Dar termino al rudo combate, grita la voz del anciano que sin esfuerzo, ni violencia, abre paso, en el alma afligida, al nuevo día que florece, trayendo consigo tonadas de aves que murmuran en su canto,melodias de paz y esperanza.

Donde esta la eternas primavera, ya no existe más, el eco de llantos, el alma arranca, al hombre que desvalido en su pena, se arrodilla frente a lo alto y exclama agonizánte..si hay amor....hay paz.....debe haber cielo..hay un Dios....donde estas tierra mia que con amor me viste nacer y hoy con dolor me ves morir.

UN PERDON......UN PERDON

Fatigado, momentos de dolor, lágrimas que se funden en el mar del abándono, al cual me he entregado al ignorar tú santo nombre en mi largo caminar, implorar tú perdón, no me queda más, que implorar tú perdón.

Sacratísimo amor, ofreces al desvalido, mirame con ojos de compasión y llename de tu ardiente inspiración, pues una vez que te he conocido, imposible vivir sin proclamar tu existencia en mi humilde corazón.

Poemas divinos, en vos angelical, cual transparencia de palabras profundas, hoy cantan para ti, son tús hijos que te aman y lloran sus almas, reconociendo su ausencia en alabanzas que solo un gran Dios como Tú, mereces recibir al amanecer de cada día.

Un perdón...Un perdón... es el eco de la voz agitada del hombre que vive en tu ausencia, almas ansiosas que buscan refúgios de amor, y exclaman: Oh Dios bueno, mira nuestra fé y libranos de la helada indiferencia que vivimos, al no tenerte junto a nuestro desolado corazón.